Me preguntan ¿De qué manera la utilización de un paradigma sociocultural ayuda al diseño de actividades pedagógicas mediadas por tecnología digital, así como a la evaluación de dichas actividades y de las políticas institucionales y educativas que las sustentan?
Para dar respuesta empezaré por el final. Es difícil que una experiencia de integración y aprovechamiento pedagógico de las TIC en el aula sobreviva sin una clara dirección institucional que genere condiciones favorables para su desarrollo. Y no hablo sólo de acceso de tecnología, o de espacios de formación tecnológica para docentes, hablo de una clara disposición de los recursos escolares en torno a posturas claras del lugar de las tecnologías en el aprendizaje. Ya algo de eso lo había hablado aquí.
Reemplazar el tablero tradicional por un video beam o un tablero interactivo, no deja de ser un embeleco que se llena de polvo, o es utilizado para cambiar garabatos dibujados con un marcador por diapositivas atestadas de textos. El propósito es el mismo: Que los estudiantes copien-memoricen ideas que deberán replicar en un examen.
Igualmente de nada nos sirve tener un computador por niño si no tenemos claro cómo nos vamos a organizar los docentes, los directivos, los administrativos, para orientar su uso. ¿Seguiremos hablando de clases de informática? ¿Cómo podemos integrar proyectos de diferentes áreas? ¿Cómo orientamos el uso responsable de Internet? ¿Plantearemos otras formas de interactuar y gestionar información institucional y académica? ¿Cómo hacer de la tecnología una potenciadora de aprendizajes y no un distractor escolar?
Uno encuentra fácilmente que en muchas sedes educativas no se han preguntado si lo que necesitan son más computadores, o una distribución diferente de los que existen en el aula, o implementar un modelo BYOT (Bring your own tecnology)... no se han preguntado qué pasará cuando la tecnología existente se haga obsoleta, no hay un plan de sostenibilidad tecnológica, y ni qué decir de un plan de sostenibilidad ambiental... no hay una consciencia sobre los desafíos éticos que supone la gestión de información y conocimiento en el mundo de hoy... así que por supuesto... creo que iniciar por un acuerdo institucional de negociación y transformación organizacional es el paso fundamental, y para ello necesitamos pararnos desde un paradigma acorde con los retos que supone la participación como agentes de cambio en la sociedad del conocimiento.
Una alternativa que se muestra altamente interesante, es el paradigma sociocultural, pues si bien no intenta decirnos cómo usar la tecnología en el aula, desde la perspectiva de estrategias didácticas o metodologías concretas, es un marco de referencia que nos habla sobre la necesidad de entenderlas como mediadoras en procesos de diálogo, negociación y desarrollo de acuerdos sociales que le den sentido y conecten lo que aprendemos en el aula con la vida misma (Fernández-Cárdenas, 2009). Lo que tiene mucho sentido si se entiende el aprendizaje como una actividad relacionada de manera profunda con las mediaciones culturales como el escenario donde gana significado todo aquello con lo que nos relacionamos, como lo plantea Daniels retomando a Cole (2003)
Las Tecnologías de Información y Comunicación pueden ser entonces aprovechadas para generar experiencias de aula que fomenten, propicien y consoliden comunidades, donde el reconocimiento del otro y la interacción participativa sea el eje fundamental del aprendizaje (Muñoz, 2008). Se trata así de generar dinámicas que permitan el surgimiento de comunidades de práctica, entendido esto desde la perspectiva de Wenger: colectivos de personas que emergen de manera informal en torno a un objetivo común, donde se trata de compartir, desde un compromiso mutuo, experiencias y sentidos que impulsen acciones, propiciando aprendizajes sociales (Wenger, 2001).
Se trata entonces de plantear actividades que integren, que favorezcan la inclusión de las personas (sentirse parte de) desde "las características del diseño del curso, el papel de los moderadores, los estilos de interacción de los participantes en el curso y las características del medio tecnológico utilizado", como lo plantea Wegerif (1998), para lo cual es imprescindible contar con una clara orientación y respaldo institucional que, más allá de las directrices plasmadas en el papel, tenga claro el espíritu que guía las acciones dentro y, sobre todo, fuera del aula.
Referencias:
Daniels, H. (2003). Vygotsky y la pedagogía. Barcelona, España: Paidós.
Fernández-Cárdenas, J. (2009). Las tecnologías de la información y la comunicación desde la perspectiva de la psicología de la educación. En J. Arévalo-Zamudio y G. Rodríguez-Blanco (Eds.). Educación y tecnología. Reflexiones y experiencias en torno a las TIC. Distrito Federal,México: Secretaría de Educación Pública/Dirección General de Materiales Educativos.
Muñoz, A(2008) Factores implicados en la conformación de redes escolares con el soporte de un portal educativo: un enfoque de comunidades de práctica docente. En: Fernández, J. M. y Carrión, C. (Eds.). (2008). Escenarios virtuales y comunidades de práctica. La participación docente en la Red de Escuelas Asociadas a la UNESCO. Monterrey, México: Comité Regional Norte de Cooperación con la UNESCO.
Wegerif, R. (1998). The social dimension of asynchronous learning networks. JALN 2(1), pp. 34-48.
Wenger, E. (2001). Comunidades de práctica: aprendizaje, significado e identidad. Barcelona, España: Paidós Ibérica.
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