Muchas veces nos
preocupamos más por utilizar a cualquier costo las redes sociales en el aula, que por encontrar
un sentido para usarlas. Así, el propósito que nos debería ocupar es pensar cómo vincular su uso con el desarrollo de actividades que permitan a las personas participar de comunidades
de práctica.
Lo curioso es que lograrlo puede implicar un menor uso de redes sociales y un mayor uso de otros servicios web que favorezcan una mejor administración de información compartida (listas de correo, foros, wikis y otros).
Algunas ideas iniciales en torno al tema
Un cuchillo
es útil en la cocina para cortar y darle forma a los alimentos. Su utilidad es
innegable en este campo. Sin embargo, a nadie se le ocurre pasarle un cuchillo
a un niño sin darle un objetivo de uso. Se lo pasamos junto a una actividad a
cumplir: partir el plátano en tajadas o abrir la carne para asarla, que se
enmarca en el objetivo claro de preparar y compartir un alimento.
A veces
siento cierto desespero en los docentes, padres de familia, autoridades locales
y nacionales por ponerle una herramienta tecnológica a los niños en frente, sin
que necesariamente tengan claro qué esperan que el niño haga con ella. Decir
que esperan que aprenda, es como decir que le pasan un cuchillo y esperan que
cocine.
Puede que
el niño aprenda, como puede que no, así como puede pasar que le de un uso no
deseable o al margen de los propósitos formativos de la escuela. Así que en realidad ¿Qué tanto está
incidiendo la escuela en el uso que los niños están dando a los computadores, a Internet... a las redes sociales?
¿Nos hemos preguntado qué esperamos que el niño aprenda cuando introducimos el
uso de las redes sociales en las actividades de aula? ¿Estamos pensando en los contenidos
del plan de estudios cuando lo decimos? ¿Estamos queriendo desarrollar actitudes
y valores individuales y sociales? ¿Cuáles? ¿Por qué esos aprendizajes y no
otros?
Es cierto, las
redes sociales son, para muchos niños y jóvenes, el escenario natural para
vivenciar el encuentro y reconocimiento con los otros, lo que las hace un lugar
propicio de aprendizaje y apropiación (si lo pensamos desde la perspectiva
sociocultural).
No
obstante, hace falta más que un usuario agregado a un servicio para afirmar que
éste hace parte de una comunidad de práctica, desde la perspectiva de compartir
un objetivo, estar comprometido con éste y haber apropiado su repertorio (como
lo afirma Etienne Wenger).
Así que los
podemos juntar todos en un mismo lugar, pero… ¿De qué hablan? ¿Si se leen
mutuamente con interés académico? ¿Cómo llevar a un grupo de personas, en
principio no interesadas en un tema, a producir y construir en torno a éste?
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Estas son
las inquietudes que me rondan en torno al tema de las redes sociales, al
terminar de leer el texto de Andrea Muñoz Sheridan “Factores implicados en la conformación
de redes escolares con el soporte de un portal educativo: un enfoque de
comunidades de práctica docente”. Un buen documento que alimenta las reflexiones sobre
el tema.

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