jueves, 28 de febrero de 2013

Red social y comunidad de práctica no son sinónimos


Muchas veces nos preocupamos más por utilizar a cualquier costo las redes sociales en el aula, que por encontrar un sentido para usarlas. Así, el propósito que nos debería ocupar es pensar cómo vincular su uso con el desarrollo de actividades que permitan a las personas participar de comunidades de práctica. 

Lo curioso es que lograrlo puede implicar un menor uso de redes sociales y un mayor uso de otros servicios web que favorezcan una mejor administración de información compartida (listas de correo, foros, wikis y otros). 

Algunas ideas iniciales en torno al tema

Un cuchillo es útil en la cocina para cortar y darle forma a los alimentos. Su utilidad es innegable en este campo. Sin embargo, a nadie se le ocurre pasarle un cuchillo a un niño sin darle un objetivo de uso. Se lo pasamos junto a una actividad a cumplir: partir el plátano en tajadas o abrir la carne para asarla, que se enmarca en el objetivo claro de preparar y compartir un alimento.

A veces siento cierto desespero en los docentes, padres de familia, autoridades locales y nacionales por ponerle una herramienta tecnológica a los niños en frente, sin que necesariamente tengan claro qué esperan que el niño haga con ella. Decir que esperan que aprenda, es como decir que le pasan un cuchillo y esperan que cocine.

Puede que el niño aprenda, como puede que no, así como puede pasar que le de un uso no deseable o al margen de los propósitos formativos de la escuela. Así que en realidad ¿Qué tanto está incidiendo la escuela en el uso que los niños están dando a los computadores, a Internet... a las redes sociales?

¿Nos hemos preguntado qué esperamos que el niño aprenda cuando introducimos el uso de las redes sociales en las actividades de aula? ¿Estamos pensando en los contenidos del plan de estudios cuando lo decimos? ¿Estamos queriendo desarrollar actitudes y valores individuales y sociales? ¿Cuáles? ¿Por qué esos aprendizajes y no otros?

Es cierto, las redes sociales son, para muchos niños y jóvenes, el escenario natural para vivenciar el encuentro y reconocimiento con los otros, lo que las hace un lugar propicio de aprendizaje y apropiación (si lo pensamos desde la perspectiva sociocultural).

No obstante, hace falta más que un usuario agregado a un servicio para afirmar que éste hace parte de una comunidad de práctica, desde la perspectiva de compartir un objetivo, estar comprometido con éste y haber apropiado su repertorio (como lo afirma Etienne Wenger).

Así que los podemos juntar todos en un mismo lugar, pero… ¿De qué hablan? ¿Si se leen mutuamente con interés académico? ¿Cómo llevar a un grupo de personas, en principio no interesadas en un tema, a producir y construir en torno a éste?

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Estas son las inquietudes que me rondan en torno al tema de las redes sociales, al terminar de leer el texto de Andrea Muñoz Sheridan “Factores implicados en la conformación de redes escolares con el soporte de un portal educativo: un enfoque de comunidades de práctica docente”. Un buen documento que alimenta las reflexiones sobre el tema.

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